Entonces hubiera gritado: ¡Señor, salva a Juan! He visto deshacerse muchas bellezas; sería bueno que quedase una como emblema de nuestro tiempo, un licor joven que -contra el uso- no envejeciera nunca… Aún es hoy como monda de naranja, y sonríe, y un aroma delgado aún llena el aire… Pero no, tampoco mi oración obtuvo respuesta.