Sombras frágiles, blancas, dormidas en la playa, dormidas en su amor, en su flor de universo, el ardiente color de la vida ignorando sobre un lecho de arena y de azar abolido.
Libremente los besos desde sus labios caen en el mar indomable como perlas inútiles; perlas grises o acaso cenicientas estrellas ascendiendo hacia el cielo con luz desvanecida.
Bajo la noche el mundo silencioso naufraga; bajo la noche rostros fijos, muertos, se pierden. Sólo esas sombras blancas, oh blancas, sí, tan blancas. La luz también da sombras, pero sombras azules.