Descaminado, enfermo, peregrino, en tenebrosa noche, con pie incierto la confusión pisando del desierto, voces en vano dio, pasos sin tino.
Repetido latir, si no vecino, distinto, oyó de can siempre despierto, y en pastoral albergue mal cubierto, piedad halló, si no halló camino.
Salió el Sol, y entre armiños escondida, soñolienta beldad con dulce saña salteó al no bien sano pasajero.
Pagará el hospedaje con la vida; más le valiera errar en la montaña que morir de la suerte que yo muero.