En el cristal de tu divina mano...

En el cristal de tu divina mano…

En el cristal de tu divina mano de Amor bebí el dulcísimo veneno, néctar ardiente que me abrasa el seno, y templar con la ausencia pensé en vano.

Tal, claudia bella del rapaz tirano es arpón de oro tu mirar sereno, que cuánto más ausente dél, más peno, de sus golpes el pecho menos sano.

Tus cadenas al pie, lloro al ruido de un eslabón y otro mi destierro, más desviado, pero más perdido.

¿Cuándo será aquel día que por yerro, oh serafín, desates, bien nacido, con manos de cristal nudos de hierro?