Vivo mirando tus fotografías, las del último agosto, cuando estabas en una proa ajena y no pensabas más que en tu soledad de ramas frías.
Presiento en tu figura otro paisaje, otros amores rojos y paganos, y siento que te rozan otras manos como un puñal de fiebre, y un coraje
de celo y desazón me ahoga y vuelven a morderme por dentro las entrañas. Engáñame y no digas que me engañas,
di que me amas igual que se revuelven las playas en sus olas. ¡Miénteme! Di que no hay otro él. ¡Engáñame!