Esa luna color de viejo saxofón me retendrá en París. Esa luna color de vieja mariposa, de alma vieja buscando sobre el viento ojos para mirar el fin de siglo, gatos que son las dudas de la noche.
Tiéndete junto a mí. Despierta en la memoria esa inquietud que guardan los que acaban de amarse, la imperceptible prisa de los labios que buscaron un cuello donde apoyar su aliento. Y déjame mirarte, frente a frente, con estos mismos ojos orientales que utiliza el amor para observamos.
Ese perdido reino donde cualquier política tiene forma de beso, de cicatriz privada detrás de los abrazos, nos está dominando con sus sueños, de distancia a distancia.
Quiero que te levantes con la misma impaciencia que los árboles, creciendo hasta lo exacto para rozar mis labios, para buscar en ellos la humedad sin la lluvia.
Sé que descubriremos siluetas desnudas por la casa, recuerdos visitantes, fantasmas de una noche sin verano, que andarán en nosotros y pedirán su cuenta,
porque la oscuridad, como un espejo, nos devuelve la imagen que le damos.
Pero conozco todas las preguntas que no sé contestarte, el cuerpo en donde viven las interrogaciones, tu sueño en los pañuelos, como de haber llorado.