Quizá sólo nos falte ser algo menos jóvenes...

Quizá sólo nos falte ser algo menos jóvenes…

Quizá sólo nos falte ser algo menos jóvenes, sentir en otro tono más distante la vida, sin abusos con nuestra inevitable humanidad.

De nuevo el paraíso. Otra vez en la suerte de una casa no demasiado grande, bajo el sol de los viernes, un refugio sincero en la colina donde mirar la tierra con forma de caricia, mientras marzo se va y abril levanta la frente de los campos heredados, a dos horas de viaje.

Junto al cristal dolido de la puerta, me gusta comprobar que te desean las raíces por mí, cuando se ciñen con sus dedos salvajes a tu cuerpo, a tus enormes días de pezones pequeños, como sombras de olivo. Igual que lo hace un sueño, bajas por la pendiente para dormir conmigo, incendiando el encubierto reino de la luz retirada, que no calla los pleitos de la carne ni le pone distancia al ruido mundanal de su vocabulario, heredado también con estas piedras.

Aunque es más blanco el humo de los leños y flota en son de paz sobre el envejecido silencio de estos montes, aunque los himnos del atardecer debilitan las voces, acercándolas, no conozco la senda que me aparte de un cuerpo al que pedirle dignidad, un cuerpo no invitado a sus aniversarios, ese calor litúrgico de los antepasados y los bailes antiguos con los hombros desnudos parecidos al mar.

Es imposible retirarse a tiempo.

Es imposible, mientras yo me aventuro a sorprendemos, decirte, conocerte, tener un privilegio. y de nada nos sirven estas horas que no son de tu edad ni de la mía.

Recuerda que tú existes tan sólo en este libro…

Recuerda que tú existes tan sólo en este libro, agradece tu vida a mis fantasmas, a la pasión que pongo en cada verso por recordar el aire que respiras, la ropa que te pones y me quitas, los taxis en que viajas cada noche, sirena y corazón de los taxistas, las copas que compartes por los bares con las gentes que viven en sus barras. Recuerda que yo espero al otro lado de los tranvías cuando llegas tarde, que, centinela incómodo, el teléfono se convierte en un huésped sin noticias, que hay un rumor vacío de ascensores querellándose solos, convocando mientras suben o bajan tu nostalgia. Recuerda que mi reino son las dudas de esta ciudad con prisa solamente, y que la libertad, cisne terrible, no es el ave nocturna de los sueños, sí la complicidad, su mantenerse herida por el sable que nos hace sabemos personajes literarios, mentiras de verdad, verdades de mentira.

Recuerda que yo existo porque existe este libro, que puedo suicidarnos con romper una página