La agonía blanca

La agonía blanca

Blanca como esta noche no he visto cosa alguna: ni el mármol, ni la nieve, ni el armiño. Semeja el cielo, un gran abismo de plata, que refleja su luz, en otro abismo de cristal: la laguna.

Sólo, de tarde, en tarde, pasa, pequeña y bruna, la góndola, que efímero surco ondulante deja; y cuando, hacia las brumas rutilantes, se aleja, todo es latir de astros; todo, fulgor de luna.

¿Donde están los colores? En uno se han fundido. El negro huyó a esconderse. El azul se ha dormido. El blanco, puro y virgen, sus imperios rescata.

Y en silencio vasto, sideral y profundo, parece que esta noche se va a morir el mundo con una inmensa muerte de cristal y de plata.