Lubrica nox

Lubrica nox

Miré, airado, tus ojos, cual mira agua un sediento, mordí tus labios como muerde un reptil la flor; posé mi boca inquieta, como un pájaro hambriento, en tus desnudas formas ya trémulas de amor.

Cruel fue mi caricia como un remordimiento; y un placer amargo, con mezcla de dolor, se deshacía en ansias de muerte y de tormento; de frenesí morboso de angustia y de furor.

Faunesa, tus espasmos fueron una agonía. ¡Qué hermosa estabas ebria de deseo, y qué mía fue tu carne de mármol luminoso y sensual!

Después, sobre mi pecho, tranquila te dormiste como una dulce niña, graciosamente triste que sueña ¡sobre el tibio regazo maternal!