Redención

Redención

Te quiero porque en tu alma vive el germen de ternura infinita, como diáfana gota de rocío sobre una flor marchita.

Te quiero porque he visto doblegarse tu espléndida cabeza; porque sé bien que en medio de la orgía te invade la tristeza;

porque has pasado por la senda estrecha en los grandes zarzales de la vida, sin desgarrar tus blancas vestiduras, sin hacerte una herida;

porque has ido pidiendo por el mundo, con el candor de un niño, a cada corazón a que has tocado, un poco de cariño;

porque indica profundo sufrimiento tu pálida mejilla; porque en tus ojos que placer irradian también el llanto brilla.

Te quiero. Nada importa que cansado tu espíritu se aduerma; yo lo habré de animar, yo daré aliento a tu esperanza enferma.

¡Mariposa que fuiste entre las flores dejando tus bellezas y tus galas, yo volveré a poner el polvo de oro sobre tus leves alas.