¡Un río. Melodía, dios, un río! El espacio en el cauce de lo alado, Sordo monstruo tallado por Estío Entre un triste frescor Oh, ignorado, Tan eterno tu Otoño en la caída! Como garra rapaz: sí enredadera, Flama amada del tiempo, desvaída Por la turbia carcancha, tan certera.
Dios oculto en un vientre de roca: Destrozado, muda espina lanzada Por la noche fugaz sobre los cantos.
Agotada en sí misma es honda roca Cegadora de grutas arrancadas Por las fieras llameantes de amarantos.