Canto segundo

Canto segundo

¡Un río. Melodía, dios, un río! El espacio en el cauce de lo alado, Sordo monstruo tallado por Estío Entre un triste frescor Oh, ignorado, Tan eterno tu Otoño en la caída! Como garra rapaz: sí enredadera, Flama amada del tiempo, desvaída Por la turbia carcancha, tan certera.

Dios oculto en un vientre de roca: Destrozado, muda espina lanzada Por la noche fugaz sobre los cantos.

Agotada en sí misma es honda roca Cegadora de grutas arrancadas Por las fieras llameantes de amarantos.