Cae una lluvia mansa, voz furtiva que imprime surcos lentos en la noche. Y va a su ritmo desgranando notas de malo y de buen humor en una página de Laye (un viejo número picado de amarillos invasores). Y escribe sosegado, sonreído, recuperado bajo la cortina. No es éste el tiempo disyuntivo sino la sucesión tan sólo en los rumores, el recuerdo de Marx y de Mounier y de Bernanos refractando una prosa en la neblina del ayer en su incógnita revuelto. Escribe solo, está solo. No imagina que si en la selva oscura las palabras…
Mas por de pronto, ajeno a todo cálculo, divaga acerca de lo más lejano y al abrigo de los que guían protectoramente. Hablarles nada más intentaría del reposo sin plazo, de la pausa, de la rueda antilógica del ocio que esta noche con lluvia sedimenta: memorias frescas y humedad reciente, frentes de niño contra los cristales, polvo barrido por el agua a dios, pisadas presurosas hasta un porche, paraguas que se pliegan. Buenas noches.
De “El ausente” 1979 “Travesías del ausente” Editorial Lumen 2006