Le temps d’un soupir A Carlos Barral
Le temps d’un soupir no ha acontecido y, mientras tanto, las cosas en su sitio y a cada quien lo suyo. Para ya luego desembarazarse de los vaivenes doctos del discurso y echarse a andar. Dejar a su aire lo que es ajeno y basta.
Pero es difícil dar con el reposo después de imaginar lo sólito indecible.
Tanto como advertir que el escenario se pone en movimiento desde ya bien cumplido con nosotros, los ausentes. Plantar romero en un noviembre gélido para que marzo agoste los augurios y olvidarlo. Yen el otoño, dentro, imperceptible, saborear de pronto aquel aroma: el campo una vez más penetre la memoria clausurada.
De “El ausente” 1979 “Travesías del ausente” Editorial Lumen 2006