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C

Imagina el poeta a su amada en la ducha Con recato…

Ésta que en nieve y sueño la clausura viola y la canción del agua fría; Venus de soledad, mitología del azulejo y la temperatura.

Ésta que en dos palomas la estatura divide en rosas que el rosal querría, por donde el agua que resbala ansía quedar, dormir, morir en su blancura.

Ésta que al níquel alza los asombros del rocío y redime por los hombros del agua desahuciada del cabello,

es ella, amor, que, en soledad, ensaya a dar forma a la espuma, pero… calla que nada tienes tú que ver con ello.

La bodega

Bajé, contigo, amor, a la bodega y me acerqué al tonel que allí dormía por ver si era verdad que en él crecía la flor del vino, diminuta y ciega..

Y para poder ver lo que trasiega el vino al corazón, pensé que unía, para jugar, tu boca con la mía, porque el amor no sabe a lo que juega.

Uniendo así en tus labios vino y mieles le dimos a la flor de los toneles como vaso tu labio femenino.

Y todo fue tan dulce y abundante que nunca la bodega vio otro amante ebrio de tanto amor y tanto vino.

Madrigal

Desde esta mañana, amor, la rosa será más rosa y más vivo el ruiseñor.

¡Y tú sin saberlo, amor!

La fuente mucho más clara mojándome de alegría con agua fresca la cara.

Y el cielo, desde hoy, azul, y, dentro del cielo, dios…

¡Y tú sin saberlo amor!

N

oche de vendimia Era de tanto amor la noche aquella que hasta el alba rompió su compromiso de clausurar las sombras y no quiso partir la noche y apagar la estrella.

Subió a su boca el vino y puso en ella tan breve y embriagante paraíso que, robando a sus labios el permiso, busqué su rastro y apuré su huella.

Tantas veces mezclamos vino y beso que, al fin, el sueño la rindió, por eso le sirvieron mis brazos como almohada.

Y cuando pudo el sol alzar el vuelo estaba rojo, como el vino, el cielo y azul, como sus ojos, la alborada.

Recuerda el poeta los primeros tiempos de su amor

Déjame que del tiempo de otro día miré prados de amor, recuerde aroma, y en el agua pasada la paloma moje otra vez el alma en que bebía.

Que si ha ganado el tiempo la porfía y ya la nieve por la sien asoma fuego otra vez cada ceniza toma y un campo de pasión hay todavía.

Déjame que confunda en tu cintura lunas perdidas, que la luna nueva no contó el tiempo ni perdió blancura.

Alma y cabellos el pasado nieva pero la llama es fiel y a la ventura hoy, como ayer, tu corazón me lleva.

Seguirá siendo el sol, cuando amanece…

Seguirá siendo el sol, cuando amanece, hermosamente bello y cada día la vida será buena todavía cuando en cada rosal Mayo florece,

Seguirá el mar sereno cuando ofrece a su virginidad la poesía de la luna que al cielo desafía cuando sobre las olas aparece.

Todo seguirá igual que cuando ella con su callada vocación de estrella inauguraba todo lo que existe.

Y todo estará igual; el sol, la rosa, las estrellas, el mar, la luna hermosa; sólo yo, para siempre, estaré triste…

S

oneto de amor

Te sigo, amor; herido en tus colmenas tengo mi corazón sin esperanza. Sé que eres fuego y siento cómo avanza tu posesión de llamas por mis venas.

Sé que eres hierro, amor, y me encadenas sellando de agonías tu alianza. Sé que eres sed y siento cómo avanza mi corazón y de avidez lo llenas.

Herido estoy, amor; certeramente sigo tu luz o sigo tu amargura sin comprender mi corazón siquiera.

Sólo sé que te sigo ciegamente y es posesión de cielos mi ventura y claridad de gloria mi ceguera.

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Soneto de amor en Gredos

Amarte en Gredos, en la roca, es darte razón de eternidad. La tierra ama como mi corazón y, roca o llama, en fuego acabaré de eternizarte.

La soledad y tú me dáis la parte que el alma necesita. El tiempo llama con más dureza y, cada vez, reclama lo que doy por salvarme y por salvarte.

Amarte aquí, en la inmóvil serranía donde el mundo se acaba y todavía no pisó el hombre, es redimir la tierra.

Es coronar el tiempo de futuro y hacer de luz y fuego el trozo oscuro de soledad que somos yo y la Sierra.

S

oneto de amor en la Puerta del Sol, donde comienzan todos los caminos Como mi corazón es este cero de todos los caminos y del tuyo. Cuanto de mí comienza en ti concluyo.

De solo a Sol basta una letra, pero también para morir basta un murmullo de soledad. A tus caminos huyo.

Pero si nada vale a tu distancia mi continuo nacer a esta fragancia de ir entre rosas a buscarte y verte,

desengaña a mi amor recién nacido y déjame en la nada confundido de una quietud más dura que la muerte.

Soneto para el final

Tal vez, cuando después de haber vivido llegue un amanecer a despertarme les diga a los que puedan escucharme: ¡Qué sueño tan extraño el que he tenido!.

Porque, efectivamente, si no ha sido mas que un sueño la vida, al acordarme de todo lo que vino a enamorarme tendré que darlo todo por perdido.

Tanto peregrinar, tantos sucesos, tanto cambiar las penas por los besos, tanto opinar y tanto desengaño,

cuando, de pronto, acabe con la muerte, con el que al otro lado me despierte comentaré: ¡Que sueño tan extraño!