Soneto de amor en Gredos Amarte en Gredos, en la roca, es darte razón de eternidad. La tierra ama como mi corazón y, roca o llama, en fuego acabaré de eternizarte.
La soledad y tú me dáis la parte que el alma necesita. El tiempo llama con más dureza y, cada vez, reclama lo que doy por salvarme y por salvarte.
Amarte aquí, en la inmóvil serranía donde el mundo se acaba y todavía no pisó el hombre, es redimir la tierra.
Es coronar el tiempo de futuro y hacer de luz y fuego el trozo oscuro de soledad que somos yo y la Sierra.
S
oneto de amor en la Puerta del Sol, donde comienzan todos los caminos Como mi corazón es este cero de todos los caminos y del tuyo. Cuanto de mí comienza en ti concluyo.
De solo a Sol basta una letra, pero también para morir basta un murmullo de soledad. A tus caminos huyo.
Pero si nada vale a tu distancia mi continuo nacer a esta fragancia de ir entre rosas a buscarte y verte,
desengaña a mi amor recién nacido y déjame en la nada confundido de una quietud más dura que la muerte.