El verano que huye

El verano que huye

De vuelta, adormecidos en el coche, el verano tenía la calidad abstracta del sueño de los otros. Si las velas contienen los momentos finales del crepúsculo, si un animal inmenso se deshace en las gentes de fuego de las playas y los rompientes cumplen el amargo papel de signo adverso, todo aquello que huía con nosotros, en el orden juicioso y familiar de los veranos, de repente nos desplazó del mundo y en los ojos de extraños se fundó su memoria.