Luces apagadas

Luces apagadas

La oscuridad reclama en cuanto llega un orden para el mundo.

Se lo daría, si pudiese, igual que puedo darle mi cadena de azares, un nombre a algún presagio aleteante, el mapa descifrado de mi limbo y aun la gratitud que no le debo.

Nunca llega de pronto sino que desvanece el tejido de fondo de los días como si sumergiera un cuerpo en la mirada que lo sigue.

La oscuridad precede a cuanto toca. Y si finge lanzarse como un ave de presa sobre tu cuarto solo, si amenaza su salto de repente, no creas en su caída, no temas su ala trampa, hazle un hueco.