En el pálido azul que acogen las terrazas, los labios desprovistos que saben regresar y el vuelo de las últimas gaviotas.
Voces que el mar congrega, que vienen con las olas y son la lejanía. Playas tendidas como alas de nieve al pie de los bañistas y autobuses velados con tenues pasajeros que persiguen la falta de costumbre.
También entonces rubias muchachas sumergidas en el agua templada de las historias breves y la pasión del horizonte, el hilo de ciudades que definen los barcos que se alejan.
No es más real, septiembre, que un recuerdo, pero nombres que dimos por perdidos recobran claridad, el aire que atraían y el sueño en que resisten los veranos.