Desflorada por la tormenta entregada a un viento de rafaguillas verdes y súbitos berridos planea una paloma y yo sin ser sonámbulo floto en medio de azulinas ondas que destilan cloro pedaleando timoneando mi ahogada bicicleta a la deriva en la inerme marea del desencanto mi voz sellada en espera de lo inevitable. Me invade la tibieza las venas se me encienden las aves regresan al nido las lagartijas huyen y tú también corres hacia el ocaso que igual a la alborada a los dos escatima una respuesta.