Regreso

Regreso

Acabas de llegar. Cruzaste, en solitaria caravana, un desierto de sábanas, las venas en sus múltiples ramas abrazando. Atrás están quedando los montes calcinados; la saeta que rompe la ventana del yodo; la larga enredadera de los nervios; el muelle negro donde los sueños de la noche zarpan. y ya no escuchas las voces del mundo de fantasmas.

Estás radiante, nueva, completa, y hasta un poco celeste, al emerger del reino prohibido de las sombras. Estás triunfante, diáfana, infantil y hasta un poco felina. Lo fosco de la noche en ti fue derritiéndose, olvidada la pena aguda de tu entraña.

Surge la única voz, con la esperanza; la cortina incitante que descorre el mañana, el fruto nuevo del dolor, tan bienamado, y la centella poderosa de tu grito,

no ya de soledad ni de pavor ni hielo: de entera dicha sin baldón ni frío. Hasta encontrarte incólume, espérame, triunfante, a la otra orilla del dolor.