De noche cuando el eunuco duerme soñando con mi tercera muerte y mi corazón divide el oro de la sangre un pequeño temblor me habita por la boca.
Pulsar útiles arpas entonces, templar cálido hierro, cerrar sobre algún sexo las manos aún gritando sólo puedo morir, sólo puedo morir, quizás signifique estar cerca de mi soledad con un nudo. Quizás signifique verter fotografías en una zona a menudo extranjera golpeando una arena cimentada.
Pero cuando duerme o se empeña en la venta de mis bienes, en mi rostro sobre el palo, sólo queda morir, sólo queda morir, lo doloroso es la mañana con himno y camareras, lo doloroso es mi cuerpo con andamiaje de ola como edificio de aire.
A las cinco se llena de mujeres como un parque. A las seis un viento que oscurece lo recorre como un sable.
De “Los versos del Eunuco” 1986