Hoy tengo veinticinco años. Mi juventud se va con mis mejores deseos. La quiero, la veo marchar sin una rozadura, sin reproches espero a que esté lejos para llorar su falta. Nunca sabrá nada de mí. Cambiaré de amistades, de lugares, frecuentaré otros sitios donde todo sea nuevo y ella no pueda decirme te quiero nunca más y yo nunca más pueda dejar de obedecerla. Me esperan hombres que saben decir no, mujeres que saben programar sus vacaciones y soy feliz, el futuro se descubre ante mí lleno de hombres que saben decir no, mujeres que saben decir no me esperan en sus increíbles fiestas con sus mejores deseos. De “De mí haré una estatua ecuestre” 1997