Derribado el crepúsculo se alza el hueco de tu frente en el ensueño por el ámbito oscuro de la alcoba. Tu perfil transfundido se dibuja en la pared de cal, y dulcemente en su blancor se unen nuestras sombras. No hay derrota en el gesto: soplo somos compañeros de viaje hacia un poema fugitivos anclados en un verso.
De “Sé que vivo” 1984