Echa a volar, gaviota de mi puerto, por las rotas arterias de mis olas, y en las blancas estelas de mis pechos dibújame tu sombra en la distancia. Allí, donde parece que se estrellan mi inquieta espuma y tu batir de alas, allí será el encuentro todo fuego, allí. bajo la sombra de la luna helada. Echa a volar, gaviota de mi puerto, sin mirar hacia atrás: ve a tu bandada y derrama mi sangre por el viento.
De “Sé que vivo” 1984