Mujer sin alcuza

Mujer sin alcuza

Esta mujer no avanza por la acera de esta ciudad. Esta mujer va por un campo yerto. (Dámaso Alonso)

La mujer deja la alcuza sobre su soledad. Observa la ciudad nocturna con sus negras pupilas donde habitan, furiosos, sólo pájaros ciegos. Mira las luces de neón, su colorido de acompasado parpadeo y respira el turbio aroma de las calles flageladas de lluvia. La mujer ha doblado su chal. De pie, junto al espejo se coloca su nuevo vestuario de colores. Con sus manos espectrales pone flores y plumas en su triste cabeza carcomida de horas. Lentamente, en su rito, completa su disfraz con guantes y zapatos de Dra. Queen. No oye, no habla, no se ríe. Desprende un viento frío de orfandades y un hálito de flores derrotadas. Esta mujer, viajera de lo inmóvil, Jamás descansa en estación alguna. Puede tardar, más llega a su destino, a su espacio de tránsito, puntual y sedienta. La mujer prepara su maleta: para este nuevo viaje nada puede olvidar. Como joyas maléficas va guardando cuidadosamente, la coca, el éxtasis, el sida, la heroína. Un nuevo álbum de fotos y una lista. Esta mujer de paso leve y actitud sombría irá hacia la noche y entre una multitud ebria de luces y de sombras, ebria de música, cumplirá cual verdugo su destino.

De “Mujer sin alcuza” 2005