Sacó la red el pescador, henchida, y en tanto que, feliz, del mar se aleja, en voz más dulce que la miel de abeja el Señor a seguirle le convida.
-Quien por buscarme, su heredad olvida, será en mi hatillo preferida oveja-, dice, y el pescador las redes deja y vase tras Jesús con alma y vida.
Yo que ni redes ni heredades tengo, que no sé de riquezas ni de honores, que ignoro los orgullos de abolengo,
yo dejo, por seguirte, mis amores… Eran mi bien, Señor… A ti ya vengo más pobre que los fieles pescadores…