-Hallarás en el bosque mansa fuente que al apagar tu sed, copie tu frente.
Dijo, y le respondí: -No tengo antojos de ver más fuente que tus dulces ojos; sacian ellos mi sed; son un espejo donde recojo luz y el alma dejo…
-Escucharás, entonces, los latidos del gran bosque en los troncos retorcidos; o el rumor de la brisa vagorosa que huye y vuela cual tarda mariposa…
-Bástame oír tu voz; tiene su acento gritos de mar y susurrar de viento.
-Hay allí flores, como el sol, doradas, y otras níveas cual puras alboradas.
-En tu mejilla rosa está el poniente, y la blanca alborada está en tu frente.
-Hay allí noches profundas y tranquilas… -Esas noches están en tus pupilas.
-Hay sombra en la maleza enmarañada… -Hay sombra en tu cabeza alborotada…
-Lo que se siente ¡allí, no lo has sentido. -A tu lado el amor he presentido.
-¡Ven! Ese bosque misterioso y quieto va a decirte al oído su secreto…
-¡Es en vano el afán con que me llamas! ¡Si tú ya me dijiste que me amas!…
-Hay un árbol inmenso, majestuoso, de altísimo follaje rumoroso;
en él, como serpiente, está enredada una gigante yedra enamorada…
-Tú eres ese árbol majestuoso y fuerte: ¡deja que en ti me apoye hasta la muerte!