Esta hoja arrebatada a una corona que la fortuna colocó en mi frente entre el aplauso fácil e indulgente con que el primer ensayo se perdona.
Esta hoja de un laurel que aún me emociona como en aquella noche, dulcemente, por más que mi razón comprende y siente que es un laurel que el mérito no abona.
Tú la viste nacer, y dulce y buena te estremeciste como yo al encanto que produjo al rodar sobre la escena;
Guárdala y de la ausencia en el quebranto, que te recuerde de mis besos, llena, al buen amigo que te quiere tanto.