Lo mejor del recuerdo es el olvido… Málaga naufragaba y emergía… Manuel, junto a la mar, desentendido; yo era un niño jugando a la alegría. Ahora juego a todo lo que obliga la impuesta profesión de ser humano, y a veces, al final de la fatiga, enseño a andar palabras de la mano. Ser hombre es ir andando hacia el olvido haciéndose una patria en la esperanza; cuerpo a cuerpo con Dios se está vendido y a gritos no se alcanza. ( Dentro de poco se dirá que fuiste, que alguien llamado así, vivió y amaba…) Ser hombre es una larga historia triste y un buen día se acaba. Desde mis veinticinco historias vengo. Nada me importó nada. Pero cualquier capítulo lo tengo miniado en letra triste y colorada. Un hombre hecho y deshecho os habla. Soy distinto cada año. Tengo un desconocido por el pecho. Sí. Miradme a los versos. No os engaño. Tengo el sombrío bosque de la frente esperando que llueva; mientras, el alma suena bajo el puente, y cuando el alma suena es que a Dios lleva. Vuelvo a andar el camino desandado y en mi paso resuenan las cadenas. Recuerda el corazón acostumbrado…, ¡qué buen fisonomista de las penas! Unas pocas palabras me mantienen: duda, esperanza, amor… Siempre me pierdo… Amor, duda, esperanza… Siempre vienen… La ilusión, si la he visto, no me acuerdo. Lo mejor del recuerdo es el olvido… Málaga naufragaba y emergía… Manuel, junto a la mar, desentendido; hubo una vez un niño en la bahía. Y hay un hombre de pie sobre mis huellas indefenso y sonoro, a ras del suelo, que se irá mientras hacen las estrellas propaganda de Dios allá en el cielo.