He quemado el pañuelo por si acaso se pudiera tejer de nuevo el lino. Le sobra la mitad del vaso al vino y más de media noche al cielo raso.
Tenía que pasar esto. Y el caso es que estando yo siempre de camino y estando tú parada, no te vi y no me ha cogido el amor nunca de paso.
Puede que salga a relucir la historia porque nunca se acaba lo que acaba, que se queda a vivir en la memoria.
Echa a andar el amor que te he tenido y se va no sé dónde. Donde estaba. De donde no debiera haber salido.
Ocurre que el olvido, antes de serlo, fue grande amor, dorado cataclismo; muchacha en el umbral de mi egoísmo, ¿qué va a pasar? mejor es no saberlo.
Muchacha con amor, ¿dónde ponerlo? Amar son cercanías de uno mismo. Como siempre, rodando en el abismo, se irá el amor, sin verlo ni beberlo.
Tumbarse a ver qué pasa, eso es lo mío; cumpliendo años irás en mi memoria, viviendo para ayer, como una brasa,
porque no llegará la sangre al río, porque un día seremos sólo historia y lo de uno es tumbarse a ver qué pasa.