El ciego amor no sabe de distancias...

El ciego amor no sabe de distancias…

El ciego amor no sabe de distancias y, sin embargo, el corazón desierto todo su espacio para mucho olvido le da lugar para perderse a solas entre cielos abismos y horizontes. Cuando me quieres, al mirarme adentro, mientras la sangre nuestra se confunde, una redonda lejanía profunda hace posible nuevas ilusiones. Ser tuyo es renacerme porque logras borrar, hundir, que se retiren todos los espejos, los muros de mi alma. Blancura del amor. Con cuánto fuego se anunció tu presencia. Tengo ahora la luz de aquel incendio y un vacío donde esperar, donde temer tu vida.

Encuentro nocturno

Profeta de mis fines no dudaba del mundo que pintó mi fantasía en los grandes desiertos invisibles. Reconcentrado y penetrante, solo, mudo, predestinado, esclarecido, mi aislamiento profundo, mi hondo centro, mi sueño errante y soledad hundida, se dilataban por lo inexistente, hasta que vacilé cuando la duda oscureció por dentro mi ceguera. Un tacto oscuro entre mi ser y el mundo, entre las dos tinieblas, definía una ignorada juventud ardiente. Encuéntrame en la noche. Estoy perdido.

Estoy perdido

Profeta de mis fines no dudaba del mundo que pintó mi fantasía en los grandes desiertos invisibles.

Reconcentrado y penetrante, solo, mudo, predestinado, esclarecido, mi aislamiento profundo, mi hondo centro, mi sueño errante y soledad hundida, se dilataban por lo inexistente, hasta que vacilé cuando la duda oscureció por dentro mi ceguera.

Un tacto oscuro entre mi ser y el mundo, entre las dos tinieblas, definía una ignorada juventud ardiente. Encuéntrame en la noche. Estoy perdido.

Fin de un amor

No sé si es que cumplió ya su destino, si alcanzó perfección o si acabado este amor a su límite ha llegado sin dar un paso más en su camino.

Aún le miro subir, de donde vino, a la alta cumbre donde ha terminado su penosa ascensión. Tal ha quedado estático un amor tan peregrino.

No me resigno a dar la despedida a tal altivo y firme sentimiento que tanto impulso y luz diera a mi vida.

No es su culminación lo que lamento, su culminar no causa la partida, la causará, tal vez, su acabamiento.

Fuga

Al ver por dónde huyes dichoso cambiaría las sendas interiores de tu alma por las de alegres campos.

Que si tu fuga fuera sobre verdes caminos y sobre las espumas, y te vieran mis ojos, seguirte yo sabría.

No hacia dentro de ti, donde te internas, que al querer perseguirte me doy contra los muros de tu cuerpo.

No hacia dentro de ti, porque no estemos: tú, pálida, escondida, yo como ante una puerta ante tu pecho frío.

Hice bien en herirte…

Hice bien en herirte, mujer desconocida. Al abrazarte luego de distinta manera, ¡qué verdadero amor, el único, sentimos, y qué besos eléctricos se dieron nuestras nubes! Como el mueble y la tela, tus denudo no tenía importancia bajo el aire, bajo el alma, bajo nuestras almas. Nosotros ya no entendíamos de aquello. Era el suelo de un ámbito celeste, imponderable. Éramos transparencias altísimas, calientes.

Hoy puedo estar contigo…

Hoy puedo estar contigo. He deseado para ti todo el bien y me acompaña la bondad del amor. A ti te debo gozar en soledad la compañía más difícil del hombre, la que tiene consigo mismo. No me causa miedo reconocerme, ni busco a nadie, no. Le has dado a mi semblante sin saberlo una luz interior que me hace fuerte, para vencer mayores soledades.

La nube

Oh libertad errante, soñadora, desnuda de verdor, libre de venas, arboleda del mar, errante nube; si en lluvia el desengaño te convierte, la forma de mi copa podrá darte una pequeña sensación de cielo.

Vuelve a la tierra, oh mar, vuelve a la vida, a las cadenas de los largos ríos, a las prisiones de los hondos lagos; vuelve afiliada a penetrar mil veces angostos laberintos vegetales.

¡Oh libertad, tus puertas son heridas! No las quieras abrir, sigue encerrada en la sedienta piel o te sostenga el inclinado cauce del torrente.

Todo sueño que es nube se deshace. Vuelva a brillar el sol, pues la blancura de esa ilusión de libertad celeste es tan sólo una sombra hecha jirones.

No sueñe más el agua, y tenga vida en la savia o la sangre, tenga sólo en mí su libertad, libre en mis lágrimas.

La voz cruel

A Octavio Paz

Alzan la voz cruel quienes no vieron el paisaje, los que empujaron por el declive pedregoso la carne ajena, quienes debieron ser almas de todos y se arrancaban de ellos mismos cuerpos parásitos para despeñarlos.

Mil muertos de sus vidas brotaban, mil muertos solitarios que miraban desde el suelo, durante el último viaje, la colosal estatua a la injusticia.

No eran muertos, eran oprimidos, seres aplastados, ramas cortadas de un amante o de un padre, seres conducidos por un deseo imposible, topos de vicio que no hallarán la luz por sus turbias y blandas galerías.

Alzan la voz cruel quienes no vieron el paisaje, los que triunfaron por la paz interior de sus mentiras.

¡Oh mundo desigual! Mis ojos lloren el dolor, la maldad: la verdad humana.

Las caricias

¡Qué música del tacto las caricias contigo! ¡Qué acordes tan profundos! ¡Qué escalas de ternuras, de durezas, de goces! Nuestro amor silencioso y oscuro nos eleva a las eternas noches que separan altísimas los astros más distantes. ¡Qué música del tacto las caricias contigo!

Las sendas que me obligo a recorrer por ti…

Las sendas que me obligo a recorrer por ti, no las borra la vida, y en vez de flores, una venda, dura como una máscara, va dividiendo el campo. Quisiera haber nacido junto a ti, vivir de rama en rama, sin caminos, pero veo la distancia, el no alcanzarte y peregrina el corazón pisando rosas y llega al tuyo cuando sueña dentro de una ciudad donde aplastado quedó el verdor, la risa, las colmenas. En ellas se enredaron los caminos y la tierra ofendida quedamente lanza leves suspiros, sus jardines; sus torres que desprecios a la brisa hacen inmóviles voces de bronce dan para anunciar las nuevas tumbas. Yo sé por qué la tierra enfurecida a veces tiembla y rompe las ciudades: alguien responde al llanto de las yerbas que no pueden nacer bajo las losas. Las pisadas del hombre van dejando su estéril huella, firme que divide con una seca herida el prado verde y más endurecido y seco implora sostén a sus pisadas, que se calle el color, que no pronuncie en tallos de alegría su gesto el campo; mas impasible quiere su dominio, con mármol sueña lapidar llanuras. No así mi amor, tu mundo, otro planeta, la flor intacta con ocultos ríos: por sus venas iré sin ser notado, soy de tu corazón dócil corriente.

Maldad

El silencio eres tú. Pleno como lo oscuro, incalculable como una gran llanura desierta, desolada, sin palmeras de música, sin flores, sin palabras. Para mi oído atento eres noche profunda sin auroras posibles. No oiré la luz del día, porque tu orgullo terco, rubio y alto, lo impide. El silencio eres tú: cuerpo de piedra.

Noche a las once

Éstas son las rodillas de la noche. Aún no sabemos de sus ojos. La frente, el alba, el pelo rubio, vendrán más tarde. Su cuerpo recorrido lentamente por las vidas sin sueño en las naranjas de la tarde, hunde los vagos pies, mientras las manos amanecen tempranas en el aire. En el pecho la luna. Con el sol en la mente. Altiva. Negra. Sola. Mujer o noche. Alta.

Para alcanzar la luz

Dicen que soy un ángel y, peldaño a peldaño, para alcanzar la luz tengo que usar las piernas. Cansado de subir, a veces ruedo (tal vez serán los pliegues de mi túnica), pero un ángel rodando no es un ángel si no tiene el honor de llegar al abismo.

Y lo que yo encontré en mi mayor caída era blando, brillante; recuerdo su perfume, su malsano deleite. Desperté y ahora quiero encontrar la escalera, para subir sin alas poco a poco a mi muerte.

Recuerdo de un olvido

Se agrandaban las puertas. Yo gigante, con el recuerdo de mi olvido dentro, atravesaba las estancias, golpeando las paredes sordas.

¡Qué collar interior en mi garganta de palabras en germen, de lamentos que no podían salir, que se estorbaban en su gran muchedumbre!

¡Cuánto tiempo de olvido incomprensible! Siempre ella en su ventana. Su ventana entre dos nubes -una y ella- siempre.

Y yo distante, agigantado, loco, con el recuerdo de mi olvido dentro, pesándome en el alma su naufragio, agarrándose, hundiéndome, en un espeso mar de cielos grises.

Retrato

Estabas sola y alta. Yo miraba cómo todos los pájaros debajo de tu frente se escondían. ¡Qué ir y venir y qué volver! Cómo todas las cosas quedándose se iban a entrarse por tus ojos. Cómo yo mismo no sabía si estaba junto al árbol bajo aquel cielo tan azul, o si los verdes límites del parque estaban encerrados en tu frente. Si de tanto entrar ya dentro de ti las cosas, eras el mundo donde estábamos. Si para que brillaran las estrellas bastaba que cerrases tus dos ojos. Estabas sola y alta, pero también dentro de ti.

Romance

Se levantó sin despertarme. Andaba lenta, aplastándose tanto hasta pasar bajo imposibles sitios huecos, o estirándose fina como un ala atravesando puertas entreabiertas. No tenía vista, pero salvaba los obstáculos con previsora maestría. Ni tacto, pero evitaba las esquinas sin recibir un golpe. Ni oído, pero cuando el portazo aquél, sobresaltada, corriendo vino a mí, en mí escondiéndose y despertando en mí, su cuerpo.

Soledad sin olvido

¡Qué pena ésta de hoy! Haberlo dicho todo, volcando por completo lo que pesaba tanto, y ver luego que todo se queda siempre dentro, que las palabras fueron espejos engañosos, cristales habitados por fantasmas sin vida; que todo queda dentro con sus negras presencias, insistentes, doliendo.

Tanto mundo que he visto…

Tanto mundo que he visto, todo el cielo, ahora cuando estoy solo no me basta para mi vida ni para mi sueño. Y sin embargo, cuando estoy contigo, a flor de esa imprecisa superficie que es el tiempo pasado sin gozarte, un anhelo cortándome las alas reduce los lejanos horizontes a un pequeño cristal pronto a perderse como la sal en el profundo olvido. Junto a ti, frente al mar, nada recuerdo y dan la luz y el aire molde cóncavo a mi presente, a la inmutable y firme roca de amor. Que nadie nunca diga: «Ayer la vi» o «la veré mañana».

Te quiero

Un lago en una isla eso es tu amor por mí, y mi amor te rodea como un inmenso mar de silencios azules; pero tienen también tus grandezas ocultas. Soy un niño de sal sobre tu falda; me sostienen tus prados submarinos, eres frondosa cumbre, eminencia visible de tu tierra profunda. Me enriquecen los ríos, y tu amor, ese lago corazón de la isla, es la fuente de todas las líquidas comarcas. Te haces querer. Te quiero. Mira mis blancas olas.

Transparencias

Hice bien en herirte, mujer desconocida. Al abrazarte luego de distinta manera, ¡qué verdadero amor, el único, sentimos! Como el mueble y la tela, tu desnudo ya no tenía imponencia bajo el aire, bajo el alma, bajo nuestras almas. Nosotros ya no entendíamos de aquello. Era el suelo de un ámbito celeste, imponderable. Éramos transparencias altísimas, calientes.

Trino

Quiero vivir para siempre en torre de tres ventanas, donde tres luces distintas den una luz a mi alma.

Tres personas y una luz en esa torre tan alta.

Aquí abajo, entre los hombres, donde el bien y el mal batallan, el dos significa pleito, el dos indica amenaza.

Quiero vivir para siempre en torre de tres ventanas.

Tu soledad te defiende…

Tu soledad te defiende, te limitan tus miradas, que yo sé que tu alma llega adonde tu vista alcanza, adonde llegan tus sueños, adonde tu amor acaba. Este viento no es el viento, es tu soledad alterada, es tu aire que revuela, es que alborota tu gracia. Son tus ojos que acarician transparencias y esperanzas, agua de lagos y ríos, verdores de esbeltas ramas. Es tu soledad valiente, defensora de tu alma.

Tus palabras

Apoyada en mi hombro eres mi ala derecha. Como si desplegaras tus suaves plumas negras, tus palabras a un cielo blanquísimo me elevan.

Exaltación. Silencio. Sentado estoy a mi mesa, sangrándome la espalda, doliéndome tu ausencia.

Tuvo mi amor la forma de tu vida…

Tuvo mi amor la forma de tu vida. Nunca el olvido le cerró los labios a la estela ni al cauce, ni a la gruta que atravesabas tú; límite era que se quedaba estático afirmando contra el tiempo engañoso una perenne honda oquedad tan fiel a tu persona que más que ausencia un alma parecía. Ven a buscarme. Tengo yo la entrada de tus recuerdos, quietos, encerrados en mis caricias: forma de tu vida.

Vete

Mi sueño no tiene sitio para que vivas. No hay sitio. Todo es sueño. Te hundirías. Vete a vivir a otra parte, tú que estás viva. Si fueran como hierro o como piedra mis pensamientos, te quedarías. Pero son fuego y son nubes, lo que era el mundo al principio cuando nadie en él vivía. No puedes vivir. No hay sitio. Mis sueños te quemarían.

Viaje

¡Qué golpe aquel de aldaba sobre el ébano frío de la noche! Se desclavaron las estrellas frágiles.

Todos los prisioneros percibimos el descoserse de la cerradura. ¿Por quién? ¿Adónde?

El sol su página plisada entró por la rendija oblicuamente, iluminando el polvo.

Descorrió su cortina el elegido, y penetró en los ámbitos sonoros del Triángulo y la espuma.

Nos dejó la burbuja de su ausencia y la conversación de sus elogios.

Yo y la luz

Yo y la luz te inventamos, ciudad que ahora en un alba de fantasía y de sol naces al mundo; ciudad aún imprecisa, con sangre, luz y ensueño en tus blancas fachadas. No sé qué madrugada sobre los edificios voy dejando, ni qué sol mañanero ilumina la vega, el mar, las calles, interiores en mí. Hemos cambiado mundo y yo nuestras luces.