Tanto mundo que he visto, todo el cielo, ahora cuando estoy solo no me basta para mi vida ni para mi sueño. Y sin embargo, cuando estoy contigo, a flor de esa imprecisa superficie que es el tiempo pasado sin gozarte, un anhelo cortándome las alas reduce los lejanos horizontes a un pequeño cristal pronto a perderse como la sal en el profundo olvido. Junto a ti, frente al mar, nada recuerdo y dan la luz y el aire molde cóncavo a mi presente, a la inmutable y firme roca de amor. Que nadie nunca diga: «Ayer la vi» o «la veré mañana».