Tengo ganas de un poco de entusiasmo que no siento hace tiempo. No sé por qué no sabe a nada vivo ni el mes, ni la avenida, ni la luz, ni el orgasmo. En realidad también tengo la culpa y me declaro honestamente reo de una gris negligencia que por todo mi cuerpo se pasea y que de todo mi fervor disfruta.
Pero, además, declaro que han entrado en mis días muchas gentes armadas de agresivas pasividades turbias y han saqueado mis horas una a una hasta dejarme sólo esta inopia profunda.
Han tomado mis sueños, mis molares, mis palabras usuales y mis vísceras. Con mis ideas han envuelto carne y ropa sucia con mi vida íntima.
Protesto. Yo protesto.
Tengo ganas de un poco de entusiasmo tardío y trasnochado, del estricto, del justo y necesario para morir mi almuerzo.