¡Es mi adiós!

¡Es mi adiós!

Allá vas, bruna y austera…

¡Es mi adiós…! Allá vas, bruna y austera, por las planicies que el bochorno escalda, al verberar tu ardiente cabellera, como una maldición, sobre tu espalda.

En mis desolaciones ¿qué te espera? -ya apenas veo tu arrastrante falda- una deshojazón de primavera y una eterna nostalgia de esmeralda.

El terremoto humano ha destruido mi corazón y todo en él expira. ¡Mal hayan el recuerdo y el olvido!

Aún te columbro, y ya olvidé tu frente; sólo, ay, tu espalda miro cual se mira lo que huye y se aleja eternamente.