¿Por qué a mi helada soledad viniste cubierta con el último celaje de un crepúsculo gris?… Mira el paisaje, árido y triste, inmensamente triste.
Si vienes del dolor y en él nutriste tu corazón, bien vengas al salvaje desierto, donde apenas un miraje de lo que fue mi juventud existe.
Mas si acaso no vienes de tan lejos y en tu alma aún del placer quedan los dejos, puedes tornar a tu revuelto mundo.
Si no, ven a lavar tu ciprio manto en el mar amarguísimo y profundo de un triste amor o de un inmenso llanto.