La llanura amarguísima y salobre

La llanura amarguísima y salobre

La llanura amarguísima y salobre, enjuta cuenca de océano muerto, y en la gris lontananza, como puerto, el peñascal, desamparado y pobre.

Unta la tarde en mi semblante yerto aterradora lobreguez, y sobre tu piel, tostada por el sol, el cobre y el sepia de las rocas del desierto.

Y en el regazo donde sombra eterna, del peñascal bajo la enorme arruga, es para nuestro amor nido y caverna,

las lianas de tu cuerpo retorcidas en el torso viril que te subyuga, con una gran palpitación de vidas.