¡Qué enferma y dolorida lontananza! ¡Qué inexorable y hosca la llanura! Flota en todo el paisaje tal pavura como si fuera un campo de matanza.
Y la sombra que avanza, avanza, avanza, parece, con su trágica envoltura, el alma ingente, plena de amargura, de los que han de morir sin esperanza.
Y allí estamos nosotros, oprimidos por la angustia de todas las pasiones, bajo el peso de todos los olvidos.
En un cielo de plomo el sol ya muerto, y en nuestros desgarrados corazones ¡El desierto, el desierto… y el desierto!