El camino de la muerte...

El camino de la muerte…

Es el camino de la muerte. Es el camino de la vida…

En la frescura de las rosas ve reparando. Y en las lindas adolescentes. Y en los suaves aromas de las tardes tibias.

Abraza los talles esbeltos y besa las caras bonitas.

De los sabores y colores gusta. Y de la embriaguez divina. Escucha las músicas dulces.

Goza de la melancolía de no saber, de no creer, de soñar un poco. Ama y olvida, y atrás no mires. Y no creas que tiene raíces la dicha. No habrás llegado hasta que todo lo hayas perdido. Ve, camina… Es el camino de la muerte. Es el camino de la vida.

El jardín gris

A Francisco Villaespesa

¡Jardín sin jardinero! ¡Viejo jardín, viejo jardín sin alma, jardín muerto! Tus árboles no agita el viento. En el estanque, el agua yace podrida. ¡Ni una onda! El pájaro no se posa en tus ramas. La verdinegra sombra de tus hiedras contrasta con la triste blancura de tus veredas áridas…

¡Jardín, jardín! ¿Qué tienes? ¡Tu soledad es tanta, que no deja poesía a tu tristeza! ¡Llegando a ti, se muere la mirada! Cementerio sin tumbas… Ni una voz, ni recuerdos, ni esperanza. ¡Jardín sin jardinero! ¡Viejo jardín, viejo jardín sin alma!

El jardín negro

Es noche. La inmensa palabra es silencio… Hay entre los árboles un grave misterio… El sonido duerme, el color se ha muerto. La fuente está loca, y mudo está el eco.

¿Te acuerdas?… En vano quisimos saberlo… ¡Qué raro! ¡Qué oscuro! ¡Aún crispa mis nervios, pasando ahora mismo tan sólo el recuerdo, como si rozado me hubiera un momento el ala peluda de horrible murciélago!… Ven, ¡mi amada! Inclina tu frente en mi pecho; cerremos los ojos; no oigamos, callemos… ¡Como dos chiquillos que tiemblan de miedo!

La luna aparece, las nubes rompiendo… La luna y la estatua se dan un gran beso.