A Miguel Sawa
Se perdió en las vagas selvas de un ensueño, y sólo de espaldas la vi desde lejos… Como una caricia dorada, el cabello, tendido, sus hombros cubría. Y, al verlo, siguióla mi alma y fuese muy lejos, dejándome solo, no sé si dormido o despierto.
Se fue hasta el castillo del burgrave fiero, que está en la alta roca: los puentes cayeron y se despertaron los sones del hierro. Pasamos… Mi alma, tras ella corriendo, dejándome solo, no sé si dormido o despierto.
Se fue hasta las verdes llanuras de Jonia; y el templo cruzó de Partenes. Del mármol eterno dejó las regiones… Y se fue más lejos con mi alma, dejándome solo, no sé si dormido o despierto.
Oro y negras piedras, y muros inmensos, y tumbas enormes -sepulcro de un pueblo que mira hacia Oriente con sus ojos muertos-. Siguió… Y arrastraba mi alma más lejos, dejándome solo, no sé si dormido o despierto.
Siguió; entre menhires pasamos y horrendos despojos de fieras… Siguió; y a lo lejos, perdióse en las selvas oscuras del sueño dejándome solo, no sé si dormido o despierto.