Ella: Sus ojos suplicantes me pidieron una tierna mirada, y por piedad mis ojos se posaron en los suyos… Pero él me dijo : ¡más!
Sus ojos suplicantes me pidieron una dulce sonrisa, y por piedad mis labios sonrieron a sus ojos… Pero él me dijo : ¡más!
Sus manos suplicantes me pidieron que les diera las mías, y en mi afán de contentarlo, le entregué mis manos… Pero él me dijo : ¡más!
Sus labios suplicantes me pidieron que les diera mi boca, y por gustar sus besos, le entregué mi boca trémula… Pero él me dijo : ¡más!
Su ser, en una súplica suprema, me pidió toda, ¡toda!, y por saciar mi devorante sed fui toda suya Pero él me dijo: ¡más!
Él: La pedí una mirada, y al mirarme brillaba en sus pupilas la piedad, y sus ojos parece que decían: ¡No puedo darte más!
La pedí una sonrisa. Al sonreírme sonreía en sus labios la piedad, y sus ojos parece que decían: ¡No puedo darte más!
La pedí que sus manos me entregara y al oprimir las mías con afán, parece que en la sombra me decía: ¡No puedo darte más!
La pedí un beso, ¡un beso!, y al dejarme sobre sus labios el amor gustar, me decía su boca toda trémula: ¡No puedo darte más!
La pedí en una súplica suprema, que me diera su ser…, y al estrechar su cuerpo contra el mío, me decía: ¡No puedo darte más!