Te llegas junto a mí, toda agitada como tras de un divino y largo esfuerzo.
Es un cansancio alegre el que te inquieta, como el cansancio alegre del que alcanza con porfiada labor un regocijo.
Tus labios me sonríen entreabiertos y por ellos se escapa el fuerte soplo de tu respiración, y cuando luego tus labios se reúnen, se dilatan los nerviosos y finos agujeros de tu nariz.
Con tu cansancio alegre. con el ondear de tus redondos senos, con el rodar de tus sedosas trenzas, con el fuego de vida en que está envuelto todo tu ser, pareces, niña ingenua, una bacante de vestir moderno.
Seductora inconsciente, encantadora que ignoras, castamente, los efectos de tus vivos encantos, tus pupilas miran con limpidez, sin ver que dentro de las mías se yergue amenazante una hambrienta manada de deseos.