Cuando éramos niños, y los padres nos negaban diez centavos de fulgor, a nosotros nos gustaba desterrarnos a los parques, para que viéramos que hacíamos falta, y caminaran tras su corazón hasta volverse mas humildes y pequeños que nosotros.
Entonces era hermoso regresar!
Pero un día parten de verdad los barcos de juguete, cruzamos corredores, vergüenzas, años; y son las tres de la tarde y el sol no calienta la miseria. Un impresor misterioso pone la palabra tristeza en la primera plana de todos los periódicos.
Ay, un día caminando comprendemos que estamos en una cárcel de muros que se alejan…
Y es imposible regresar.