No eres nada, vives oscuro, en una ciudad perdida. Pero, de pronto, un día, al despertar, eres Rey.
Arden musicales remotos países avasallados por tu valentía. Poderoso monarca: todo lo que tocas es resplandor, y en tu honor cambian los arcos iris de plumaje.
Y cuando Ella sonríe, brota agua en la remota infancia adonde se asoma, tu pequeña vida ansiosa, rapaz distante de todo.
Mas viene el Viento y lo derriba todo: cristal roto es tu monarquía; vives en una ciudad malvada; el tiempo sólo significa que tus zapatos ya no resisten otro invierno.
Eras Rey pero ya no te sonríe Esa Mujer. * * * * *