La cita

La cita

Son las siete; la calle está oscura; ya no vendrás.

Aunque llegaras todas las tardes a la orilla de esta cita, y aguardaras, inmóvil, todas las horas que en el mundo faltan ya no me hallarás, porque esperándote perdí mi juventud.

Y no como el guerrero que las manos moja en la espuma bermeja de la guerra. ¡No como los ardientes varones que conocí! : ¡Alexander extraviado en la espesura! ¡Gabriel amarrado a los torrentes! ¡Eugenio deshojado a la aventura! ¡Amaro, que un día solo con tu fusil partiste! ¡Os envidio, jóvenes vehementes, a quienes no bastándoles los crepúsculos, por mirar llamaradas incendiaron su propia edad florida!

Yo, miserablemente perdí mi juventud; aguardando que cumplieras la cita de los parques, gasté los veloces años. ¡Oh cafés humosos donde fingí leer los diarios de mi feroz melancolía!

Esperándote perdí la juventud y me pesa. Son las siete: y estoy solo. * * * * *