¡No puedes salir del jardín donde mi amor te aprisiona!
Presa estás en mí. Aunque rompas el vaso, seguirá intacta la columna perfecta del agua; aunque no quieras siempre lucirás esa corona invisible que lleva toda mujer a la que un poeta amó.
Y cuando ya no creas en estas mentiras, cuando borrado el rostro de nuestra pena, ni tú misma encuentres tus ojos bellísimos en la máscara que te preparan los años, a la hora en que regatees en los mercados, los jóvenes venados vendrán a tu Recuerdo a beber agua.
Porque puede una mujer rehusar el rocío encendido del más grande amor, pero no puede salir del jardín donde el amor la encerró.
¿Me oyes? No puedes huir. Aunque cruces volando los años, no puedes huir: yo soy las alas con que huyes de mí. * * * * *