Como el centinela que en la agreste torre lucha por no rendir los ojos al invencible sueño, yo resisto al olvido.
Pero te me vuelves pequeña; la lluvia moja las calles de 1943; la lluvia rompe el cristal en que te guarda mi juventud.
¡Miseria de los amantes que locamente sueñan eterna la eternidad! El Día es de espuma, niebla es la carne, humo el ayer.
El país luciente de nuestra juventud hermosa, el tiempo asoló con sus ejércitos potentes. Marcial acampó la herrumbre donde ardió la rosa.
En la memoria sólo una calle queda por donde caminas lentamente. Ya casi no te miro, y el moribundo sol, atardeciendo, te torna cada día más pequeña.
Pero pasan los años, y a medida que te vuelves más pequeña, arrojas una sombra más larga. * * * * *