Nocturno salvadoreño

Nocturno salvadoreño

La noche era bellísima. Yo te quería. San Salvador brillaba entre las flores. Yo te quería. La Felicidad nunca tendrá tus ojos azules. Yo te quería. Dueña de los Crepúsculos. Yo te quería. Pastora de la Brisa. Yo te quería. Ruiseñor Malvado. Yo te quería. Espuma del Silencio. Yo te quería. Agua bajo los Puentes. Yo te quería. Olvida los cantos que te escribí. Yo te quería. Aun ahora, aunque sea tarde, y una paloma ciega vuele para siempre entre nosotros.

Adiós a las bandadas, adiós al tesoro enterrado en tu infancia, adiós a las Hadas porque las Hadas no existen.

Ya dije las cosas que dije. Por las que callo ha de crecerme musgo en la voz. Cuando termine de contar esta agonía, otro hombre se levantará de esta mesa.

Tal vez él no recuerde. ¡Pero yo me acuerdo tanto! ¡Si supieras cuánto te recuerdo! * * * * *

Rosa única

La hierba crece ahora en todos los crepúsculos donde antes sonreías.

La hierba o el olvido. Es igual. Entre mi dolor y tu silencio, hay una calle por donde te marchas lentamente.

Hay cosas que no digo porque ciertas palabras son como embarcarse en interminables viajes. Para mi amor siempre tendrás veinte años. Mientras yo cante en tus ojos habrá agua limpia. Ya para siempre mi amor te circunda de cristal.

Puedes morir mil veces. Inmutable en mi canto estás. Puedo olvidarte. Mas olvidada, resplandecerás.

¿Qué son las luciérnagas sino remotas luces que extintos amadores antaño encendieron? ¿Qué son sino carbones de hogueras que perduran, tras que sus caras y sus bocas se rompieron?

Te digo que ni el rocío con tu rostro se atreverá

No envejecerá la muchacha que, reclinada en mi sangre, un día miró una rosa hasta volverla eterna.

Ahora la Rosa eterna está. Yo la distingo única, perfecta, en los jardines. Por las montañas y collados búscanla gentíos. Sólo mis ojos que tus ojos vieron, la pueden mirar.