Rosa única

Rosa única

La hierba crece ahora en todos los crepúsculos donde antes sonreías.

La hierba o el olvido. Es igual. Entre mi dolor y tu silencio, hay una calle por donde te marchas lentamente.

Hay cosas que no digo porque ciertas palabras son como embarcarse en interminables viajes. Para mi amor siempre tendrás veinte años. Mientras yo cante en tus ojos habrá agua limpia. Ya para siempre mi amor te circunda de cristal.

Puedes morir mil veces. Inmutable en mi canto estás. Puedo olvidarte. Mas olvidada, resplandecerás.

¿Qué son las luciérnagas sino remotas luces que extintos amadores antaño encendieron? ¿Qué son sino carbones de hogueras que perduran, tras que sus caras y sus bocas se rompieron?

Te digo que ni el rocío con tu rostro se atreverá

No envejecerá la muchacha que, reclinada en mi sangre, un día miró una rosa hasta volverla eterna.

Ahora la Rosa eterna está. Yo la distingo única, perfecta, en los jardines. Por las montañas y collados búscanla gentíos. Sólo mis ojos que tus ojos vieron, la pueden mirar. * * * * * *

Íbamos a vivir toda la vida juntos. Íbamos a morir toda la muerte juntos. Adiós.

No sé si sabes lo que quiere decir adiós. Adiós quiere decir ya no mirarse nunca, vivir entre otras gentes, reírse de otras cosas, morirse de otras penas. Adiós es separarse, ¿entiendes?, separarse, olvidando, como traje inútil, la juventud.

!Íbamos a hacer tantas cosas juntos! Ahora tenemos otras citas. Estrellas diferentes nos alumbran en noches diferentes. La lluvia que te moja me deja seco a mí. Está bien: adiós. Contra el viento el poeta nada puede.

A la hora en que parten los adioses, el poeta sólo puede pedirle a las golondrinas que vuelen sin cesar sobre tu sueño.


Como a todas las muchachas del mundo, también a Ella, tejiéronla con sus sueños, los hombres que la amaban.

Y yo la amaba.

Pudo ser para otros un rostro que el Viento del Olvido borra a cada instante. Pudo ser, pero yo la amaba.

Yo veía las cosas más sencillas volverse misteriosas cuando Ella las tocaba. Porque las estrellas de la noche ¡Ella con su mano las sembraba!

Los días de esmeralda, los pájaros tranquilos, los rocíos azules, ¡Ella los creaba!

Yo me emocionaba con sólo verla pisar la hierba.

¡Ah si tus ojos me miraran todavía!

Esta noche no tendría tanta noche. Esta noche la lluvia caería sin mojarme.

Porque la lluvia no empapa a los que se pierden en el bosque de sus sueños relucientes, y sus días no terminan y son sus noches transparentes.

¿Dónde estás ahora? ¿En qué ciudad, en qué penumbra, en cuál bosque te desconocen las luciérnagas?

Tal vez mientras escribo, estás en un suburbio, sola, inerme, abandonada…

¡Abandonada, no!

En tu ausencia mi corazón todas las tardes muere.