Cuando la luz cansada de embestir al día vara en los muelles su cadáver dorado, y está el silencio entre los ausentes y las golondrinas, poniendo huevos lentos, ¿vuelve el agua a los pétalos del rayo? ¿torna el cristal a desplumarse en la azucena? ¿escuchas al otoño, bandada por bandada, aterrizar entre los resortes ruinosos del poniente, me oyes llegar pisando el olor que humea de las manzanas sumergidas, me escuchas…?
Yo recuerdo que el día en que la luciérnaga se puso su anillo de barcos perdidos, el tiempo bajó a mirarte hasta las cosas mudas. ¿Quién se acordó entonces del rocío sujetando a las palomas ? ¿quién racimo de planetas enfermizos ? ¿quién soledad desfondada por los muertos? ¿ quién cuchillo afilado en la luna? Era el mes de las olas arrodilladas esperando tu corona. Era la mitad desde el plumaje deshecho de la tarde, desde las corrientes, desde el olvido.
Y ahora estoy en medio de los meses invadidos entre las finales cáscaras del día!; oigo que te pones el vestido sucio de un fantasma, siento que un sol ciego te llueve con plumas aguas, y ya no te conozco. ¿Quién, pues, eres tú que desaguas eternamente al otoño con tu cubo ? ¿quién que enroscas tu barba al horizonte?
Ésta es la hora en que la luz se arranca las pestañas tirita el lirio en la cama polvorienta del relámpago, viaja el toro al dorso del bramido. Ésta es la hora en que a tu isla de párpados recién cernidos llega la lluvia desangrándose de ruiseñores. ¡A ver la niebla, que él está mirando!
¡A ver la hierba, que yo no tengo la culpa que empañe el paisaje como un vaso!
¡Ah, combatiente, qué dirías si vieras el resplandor que te encuaderna las entrañas! ¡Ya no es posible que no sepas que tus dedos emergen de los golfos trayendo aquí todos los días una flor de luz petrificada! ¡Ya no es posible, ni tampoco quiero, que mi corazón se vaya en el carruaje amarillento de las hojas!
Mas no lloradlo. A Él lo construye perpetuamente el agua. En el principio, cuando la lágrima vuelve a su trono transparente, lo edifica el viento que borra los sepulcros. ¿Qué lo han visto en los malecones por donde llega el otoño, de jazmín en jazmín desde el fondo de la tierra?
Levántate, las gentes no quieren creerme que por todas partes limitas con el alba, que estás en la gota donde, ya en ruinas, agitando los brazos se despide el horizonte…
* Publicado en “La Tribuna”, el domingo 5 de septiembre de 1948