A una profesora de historia
_Aprendí la interminable lista de reyes godos y el mundo no fue mío ni tu historia violeta como tus ojeras de doncella
si acaso en las cálidas tardes con principiante trompeta como fondo melódico tu mano de profesora culta dividió mi mundo proletario_ saber o no saber
_la cuestión era aceptar un blanco destino de burócrata o emigrar al mundo de los que nada habían perdido nunca, ni tan siquiera cuando cruzó el estrecho el último rey godo
fabulosas tus historias de hijos buenos, redentores de su madre lavandera, cajeros de Banco, aspirantes a directores de Banco, asépticos buenos, higiénicos, sin remordimientos
inútil historia la de mi clase, por ti y por mí desconocida entonces cuando eras una princesa omnipotente y yo tu juglar de versos vergonzosos ni siquiera conocedor de tu sexo, ni tu tiempo
pasaron rápidos años como tardes, aprendí tu lista y tu frontera, tu nombre tu nostalgia y cuando acaso tenía respuesta a tus palabras incluso a tu bella patraña de hijos -godos -reyes- buenos ya era tarde
y te enterraron ignorante de mi sabiduría que tú empezaste y nadie concluirá, de mi amor de juglar princesa de una Historia nada dialéctica, por la que tú pasaste como pasa un rey bueno, con majestad._
Inútil escrutar tan alto cielo…
_Inútil escrutar tan alto cielo inútil cosmonauta el que no sabe el nombre de las cosas que le ignoran el color del dolor que no le mata
inútil cosmonauta el que contempla estrellas para no ver las ratas._
De “Pero el viajero que huye” 1990